Aventuras de última hora

2010-09-13_18

(escribiendo desde una abarrotada zona vip en Doha)

Pensábamos que encontrar el restaurante tailandés sería nuestra última aventura en China… Qué equivocados estábamos! No una, sino dos aventuras más hemos tenido.

De la primera incluso saqué unas fotos.

Resulta que la torre a la que queríamos subir (la torre “abrebotellas”) está en el centro de Pudong (el distrito financiero) que está plagado de calles de muchos carriles, intenso tráfico e invisibles semáforos. El metro nos dejó al otro lado de una de estas calles.

Estábamos parados buscando una manera civilizada de cruzar (un puente o túnel), que de seguro hay, cuando delante de nosotros se paró un autocar (parando el tráfico en su carril)

… Y empezaron a salir monjes del autobús!

Eran monjes budistas – todos rapados y con túnicas naranjas. Iban encabezados por dos chicas con banderas (a estas alturas ya las podíamos identificar como guías turísticas).

La primera de ellas reunió a un grupo de 10 o 20 monjes y, ni corta ni perezosa, levantó la mano y empezó a cruzar, seguida de su peculiar séquito de monjes.

Donde fueres, haz lo que vieres.

– Olga, cuando cruce el segundo grupo nos pegamos a los monjes.

Y eso hicimos.

El monje que teníamos delante nos miró, se rió e incluso chapurreó algo de inglés en su carrera: “go, go!” y “up, up!” señalando arriba, a la torre.

Cruzar la calle del modernísimo distrito financiero de Shanghái parando el tráfico y rodeado de monjes budistas es una de las cosas más raras que he hecho (y he hecho unas cuantas).

Las 2 o 3 fotos que pude sacar salen muy movidas, no me dio tiempo a poner el modo “evento deportivo”. Os pongo la mejor.

La segunda aventura la tuvimos al ir al aeropuerto.

– Vamos en metro, verdad?
– Sí, sí, claro.

El metro de shanghái es bastante bueno, tanto que hasta tiene un club de fans (aunque la gente en algunas paradas es muy maleducada, y no dejan salir antes de entrar – excelente ocasión para empujar a personas maleducadas y bajitas). Ya teníamos experiencia con él y era mucho más barato que un taxi.

… Peeeeero …

A partir de las 9 se corta la línea que va al aeropuerto!

Y el único anuncio que hay de ello es en el propio vagón!

En letras minúsculas!

Con traducción dudosa al inglés!

Y encima te dejan en una estación secundaria, sin iluminación!

… Donde decenas de chinos se te tiran encima diciendo “taxi, taxi, airport, airport” … Pero ninguno de ellos conducen taxis!

Los taxis oficiales, que SIEMPRE son preferibles, están pasando la algarabía, en los bordes de la zona iluminada. La gente que entra en las estaciones a ofrecer taxis NUNCA es de fiar (como poco te cobran de más, y como mucho te pueden llevar con sus primos y robarte)

Pudimos llegar a un taxi de verdad diciéndole a una mujer que iríamos con ella, de manera nos abrió paso (llevábamos sendos maletones y los taxistas ilegales no nos dejaban pasar) y cuando vimos que nos llevaba a un coche normal, ya fuera del tumulto, le dijimos “sorry, taxi, taxi” y nos metimos en un taxi oficial que nos dijo “meter, meter” (taxímetro, taxímetro)

Nos costó 100 yuanes frente a los 50  que nos pedía inicialmente la mujer, pero nos llevó rápido y sin “sorpresas”.

En este viaje hemos echado callo.

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