Aventuras de última hora

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(escribiendo desde una abarrotada zona vip en Doha)

Pensábamos que encontrar el restaurante tailandés sería nuestra última aventura en China… Qué equivocados estábamos! No una, sino dos aventuras más hemos tenido.

De la primera incluso saqué unas fotos.

Resulta que la torre a la que queríamos subir (la torre “abrebotellas”) está en el centro de Pudong (el distrito financiero) que está plagado de calles de muchos carriles, intenso tráfico e invisibles semáforos. El metro nos dejó al otro lado de una de estas calles.

Estábamos parados buscando una manera civilizada de cruzar (un puente o túnel), que de seguro hay, cuando delante de nosotros se paró un autocar (parando el tráfico en su carril)

… Y empezaron a salir monjes del autobús!

Eran monjes budistas – todos rapados y con túnicas naranjas. Iban encabezados por dos chicas con banderas (a estas alturas ya las podíamos identificar como guías turísticas).

La primera de ellas reunió a un grupo de 10 o 20 monjes y, ni corta ni perezosa, levantó la mano y empezó a cruzar, seguida de su peculiar séquito de monjes.

Donde fueres, haz lo que vieres.

– Olga, cuando cruce el segundo grupo nos pegamos a los monjes.

Y eso hicimos.

El monje que teníamos delante nos miró, se rió e incluso chapurreó algo de inglés en su carrera: “go, go!” y “up, up!” señalando arriba, a la torre.

Cruzar la calle del modernísimo distrito financiero de Shanghái parando el tráfico y rodeado de monjes budistas es una de las cosas más raras que he hecho (y he hecho unas cuantas).

Las 2 o 3 fotos que pude sacar salen muy movidas, no me dio tiempo a poner el modo “evento deportivo”. Os pongo la mejor.

La segunda aventura la tuvimos al ir al aeropuerto.

– Vamos en metro, verdad?
– Sí, sí, claro.

El metro de shanghái es bastante bueno, tanto que hasta tiene un club de fans (aunque la gente en algunas paradas es muy maleducada, y no dejan salir antes de entrar – excelente ocasión para empujar a personas maleducadas y bajitas). Ya teníamos experiencia con él y era mucho más barato que un taxi.

… Peeeeero …

A partir de las 9 se corta la línea que va al aeropuerto!

Y el único anuncio que hay de ello es en el propio vagón!

En letras minúsculas!

Con traducción dudosa al inglés!

Y encima te dejan en una estación secundaria, sin iluminación!

… Donde decenas de chinos se te tiran encima diciendo “taxi, taxi, airport, airport” … Pero ninguno de ellos conducen taxis!

Los taxis oficiales, que SIEMPRE son preferibles, están pasando la algarabía, en los bordes de la zona iluminada. La gente que entra en las estaciones a ofrecer taxis NUNCA es de fiar (como poco te cobran de más, y como mucho te pueden llevar con sus primos y robarte)

Pudimos llegar a un taxi de verdad diciéndole a una mujer que iríamos con ella, de manera nos abrió paso (llevábamos sendos maletones y los taxistas ilegales no nos dejaban pasar) y cuando vimos que nos llevaba a un coche normal, ya fuera del tumulto, le dijimos “sorry, taxi, taxi” y nos metimos en un taxi oficial que nos dijo “meter, meter” (taxímetro, taxímetro)

Nos costó 100 yuanes frente a los 50  que nos pedía inicialmente la mujer, pero nos llevó rápido y sin “sorpresas”.

En este viaje hemos echado callo.

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Lapis Thai

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¡Menudo chaparrón esta mañana!

Para despedirnos de China hemos decidido ir a un restaurante tailandés: Lapis Thai (http://www.lapisthai.com/)

Lo encontramos a través del blog de chelichina (http://chelichina.typepad.com/blog/), que decía que era su restaurante favorito. Escribo esto desde ahí.

La comida ha sido deliciosa. Nos ha hecho pensar la disparidad de precios en china (una cerveza aquí nos costó como toda nuestra cena de anoche, para dos, con cervezas). También nos ha costado un poco encontrarlo – ¡una última aventura!

Pero desde luego merece la pena.

Ahora vamos a subir a la “torre abre botellas”, para ver la ciudad antes de irnos.

Seguramente el siguiente post sea desde qatar (esperemos que desde la sala vip, jejeje)

Masajes de pies en la concesión francesa

Tras 2 agotadores días de expo, teníamos las piernas un poco doloridas.

Hemos aprovechado que llovía (menos mal que teníamos las botas de montaña!) para darnos un masaje de piernas. El sitio fue el Dragonfly que hay en la concesión francesa, una zona de Shanghai de aspecto europeo y “chic” (bonito, caro y poco práctico).

Envío esto desde un restaurante de curry llamado “curry house”. Delicioso!

No tengo fotos hoy, no había buena luz.

Expo en shanghai

No tenemos wifi en nuestro hotel así que escribo desde un centro comercial. He de ser breve.

El día que llegamos, por la noche, sumos una vuelta por la ciudad y subimos a la torre de las “dos bolas” (a la izquierda en una de las fotos). Tenía el suelo transparente y daba canguelo.

Los dos últimos días los henos pasado en la expo. Os mando dos fotografías. La primera es una panorámica nocturna. El puente del fondo es enorme y cambia de color, muy chino.

La segunda foto es una panorámica de la cola que nos saltamos al entrar en el pabellón de España. Nos saltamos otras colas pero esa fue la mejor.

El mejor pabellón es el de Portugal, que, tiene unos 3 metros cuadrados. El segundo mejor, el cubano, que es un bar de mojitos.

El resto los siguen muy atrás. El de Madrid era sorprendente, muy bueno todo menos el restaurante.

Tenemos unos vídeos graciosos de chinos haciendo cola “estilo manada del rey león”.

Ya está bien de expo, vamos a visitar la ciudad. Escribiremos cuando podamos.

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Kárstico

Si os hablo de “un paisaje kárstico” muchos de vosotros no sabréis de qué estoy hablando.

Si, en cambio, digo “un paisaje con las montañas de Bola de Dragón”, esta vez sí que lo sabréis.

El resto (mamá) mirad las fotos.

Estamos en Yangshuo. Es un pueblo muy turístico (se habla inglés en casi el 20% de los establecimientos). Está situado cerca de la confluencia de dos ríos (Yulong y Li), que han ido erosionando la roca hasta formar el paisaje onírico que veis.

En Yangshuo las principales actividades a realizar tienen que ver con la naturaleza: escalada, rafting (bajar ríos peligrosos con rocas, mamá) trekking (pasear por rutas campestres) etc.

De momento nosotros hemos paseado en bicicleta (nos perdimos, pero eso era parte del plan), hemos trepado por una montaña (con escalones, no en plan al filo de lo imposible) y hemos tenido un curso de cocina china (síntesis: trocear finito, freír una cucharada de aceite de cacahuete, añadir agua, evaporar, yum!). Todo esto en un wok humeante. Según los chinos “no smoking, no cooking”

Esta tarde fuimos a ir en kayak (mamá: las barcas de los indios); ya lo pagaremos con agujetas más adelante.

Os dejo tres fotos:

La primera es una panorámica hecha desde la Montaña de la Luna. Esta montaña tiene ir un “túnel natural” excavado totalmente por la erosión. Dicen que hay 800 regalices hasta la cima, pero no los contamos.

La segunda foto es de cuando íbamos a la montaña en bici, cuando todavía solo sudábamos como en la muralla china (hemos alcanzado nuevos luis desde entonces)

La última es una panorámica desde la azotea de nuestro hotel, el Li River Retreat. Otro hotelazo. Mañana nos vamos para Shanghái, y seguro que lo echamos de menos.

Tenemos la misma habitación que la loliplanet, otra blogera española (http://laloliplanet.com). Loliplanet enseña su habitación en este vídeo (o eso esperamos; desde aquí no se ven ni su blog ni su vídeo)

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Xian

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En Xian apenas hemos estado 24 horas.

Es una ciudad grande, pero las obras del metro la tienen patas arriba. Al salir del tren nos asaltaron mil tipos tratando de vendernos de todo (“hello, hello, taxi, hotel”). Atravesamos el jaleo y fuimos andando (con nuestros respectivos maletones) durante mucho tiempo (los chinos no hacen buenos mapas)

Esa tarde vimos la muralla de la ciudad. La idea era alquilar una bicicleta y recorrer una parte de la muralla por arriba, en bici (es una muralla ancha como una calle)

Sin embargo, cuando llegamos a la muralla, descubrimos que a partir de cierta hora (las 4 o las 5) solamente se pueden conseguir bicis en la puerta sur … y estábamos en la puerta norte, a 7 kilómetros.

Así que tuvimos que conformarnos con recorrer un pequeño trecho a pie y volvernos.

Olga estaba muy contrariada con los chinos de las bicis (foto)